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Amadis de Gaula. ¡He aquí la madre del cordero! En el principio
de la locura y de las aventuras de don Quijote se encuentran los libros de
caballerías y, de un modo definitivo, Amadís de Gaula, el héroe
de los héroes. El hidalgo Alonso Quijano trata de imitarle ya en el
primer capítulo, cuando rescata una armadura vieja, toma un cansado
rocín y pasa a llamarse Don Quijote de la Mancha, tal como hizo Amadís
con el nombre de su tierra. Amadís de Gaula es el mejor libro de caballerías
impreso en España, y por ello, el cura lo salvará en la quema
de la biblioteca.
Barbero. El barbero y el cura serán los amigos de don Quijote (además
del bachiller Sansón Carrasco, que aparece en el segundo libro). Ambos
participan en la quema de libros junto al ama y la sobrina; los dos salen
en busca de don Quijote, y hasta se disfrazan de dama y escudero (ante las risotadas de Sancho Panza y Rocinante) para tenderle
una trampa con el fin de que regrese a la aldea. El barbero se llama Maese
Nicolás; el cura, Pedro Pérez, y es un hombre culto, por cuya
boca habla Cervantes para expresar sus ideas literarias.
Cide Hamete
Benengeli.
Supuesto historiador árabe que, en teoría, narra
las aventuras de don Quijote, de modo que las posibles contradicciones que
existen en la historia, Cervantes se las atribuye al texto original de este
historiador que, como moro, no es de fiar. Nuestro autor se adelanta a su
tiempo al utilizar el recurso del manuscrito encontrado para moverse con toda
libertad creativa. Si es muy conocido el comienzo En un lugar de la
Mancha..., no todos recuerdan que el segundo volumen se inicia así:
Cuenta Cide Hamete Benengeli....
Dulcinea.
Es la amada idealizada de don Quijote, al igual que Oriana es la
de Amadís y Angélica la Bella, la de Roldán. En
realidad, se trata de una labradora del Toboso, a quien conoció de
joven, pero él la describe con los tópicos renacentistas de
los poetas: dientes como perlas, cabellos de oro, gentil mirar... Cuando Sancho
se entera que Dulcinea es Aldonza Lorenzo, su visión es muy distinta:
¡Ta... ta..! Bien que la conozco, y es más forzuda que
cualquier pastor del pueblo, pues a todos los ha vencido echando pulsos. Sí
señor, es una moza de pelo en pecho....
Espada. No tiene nombre, como la del Cid, pero don Quijote siempre está
dispuesto a sacar su espada (o afinar su lanza) para luchar por las causas
nobles, a pesar de la dureza del empeño: Ser caballero andante
es más trabajoso y más aporreado, y más hambriento y
sediento, miserable, roto y piojoso que cualquier otra profesión,
le dice a Vivaldo. En la imagen, el ventero observa como el caballero loco
le ha dejado sin los cueros de vino, a los que un sonámbulo don Quijote
ha confundido con el gigante que robó el reino a la princesa Micomicona.
Fierabrás. La medicina prodigiosa que, según don Quijote, todo
lo cura. Sancho, que tiende a confundir los nombres, lo llama el bálsamo
del feo Blas, y pide a su señor que lo fabrique tras ser machacados,
primero por los pastores gallegos y luego, en la venta. Su fórmula
es aceite, vino, sal y romero. Don Quijote lo toma y tras unos sudores y temblores
brutales, mejora. Sancho, sin embargo, bebió un larguísimo
sorbo de la vasija, pero no vomitó; al contrario: el líquido
comenzó a golpearle el estómago, como si estuviese hecho de
piedras....
Galeotes.
Son los condenados a remar en las galeras del rey. Don Quijote quiere
saber por qué están prisioneros, y cada uno le cuenta su historia
(por ladrón, por alcahuete, por hechicero, por deudas, por burlador...).
Tras escucharlos, y antes de liberarlos, el caballero andante exclama: De
todo lo que me habéis contado, hermanos, he sacado en limpio que las
penas que vais a padecer no os causan gran alegría y vais a galeras
de muy mala gana y en contra de vuestra voluntad.... Ahí es donde
se dan cuenta los guardianes y los propios presos de que está loco.
Ínsula de Barataria. Una ínsula es lo que le promete don Quijote
a su vecino Sancho para que deje a su familia y le siga en todas sus aventuras
y locuras. Hay un momento en el que Sancho está a punto de abandonar,
y es cuando va a mirar las muelas que le faltan a su señor y éste
le vomita en la cara, lo que lo produce tanto asco que, a su vez, vomita a
don Quijote, y los dos caídos y entre desperdicios, se dan cuenta de
que han tocado fondo: ¡Maldita sea la madre que me parió!,
exclama Sancho, dispuesto a regresar a su pueblo con las manos vacías.
Heridas. Abundan en toda la novela y principalmente en el flaco cuerpo de
don Quijote y en el pacífico de Sancho Panza. Don Quijote trata de
calmarlo: Has de saber, amigo, que las heridas que se reciben en la
batalla, antes dan honra que la quitan. Sancho se queja de su mala suerte,
pero de lo que más se duele, y lo repite y lo recuerda a lo largo de
la novela, es de su manteamiento en la venta por irse como su señor
sin pagar.
Juan Palomeque. En su venta confluyen la mayoría de los personajes
principales del primer libro. A ella llegan los embozados, el Oidor y el Cautivo,
además de don Quijote y su cuadrilla, procedentes de Sierra Morena.
En la imagen, la hija del ventero pide a don Quijote (no hay otro más
a mano) que ayude a su padre, pues le están moliendo a palos. En la
venta destaca el personaje de Maritornes, la fiel, fea y complaciente criada.
Luscinda. La hermosa dama amada por Cardenio de la que se encaprichará
su amigo y protector, el duque don Fernando, quien antes seduce y abandona
a la rica plebeya Dorotea, y luego quiere casarse con Luscinda. Cardenio,
humillado y loco, se irá a Sierra Morena, adonde también acudirá
Dorotea disfrazada de pastora. Ambos se encontrarán con don Quijote
y sus amigos, y todos, juntos y revueltos, coincidirán en la venta.
Micomicona. La princesa Micomicona es, en realidad, Dorotea, una mujer leída
(algo extraño en su tiempo) que, como conoce bien las novelas de caballerías,
acepta hacerse pasar por una princesa que llega de un lejano reino para pedir
la ayuda al famoso don Quijote de la Mancha, cuya astucia, valentía,
arrojo no tienen par y son bien conocidos en el mundo entero.... Todo
ello es una estrategia del cura para hacerle regresar a casa.
Novela del Curioso Impertinente. Novela a la italiana que Cervantes incluye
en El Quijote para ofrecer otro tipo de lecturas que mantengan la atención
del lector. Anselmo le pide a su amigo Lotario que tiente a su mujer para
ver si es de verdad tan perfecta como cree, pues ¿qué mérito
tiene ser fiel si no existe la posibilidad de dejar de serlo? Es uno de los
textos que la pandilla de don Quijote encuentran en la venta, y lo lee el
cura.
Ovejas. Un ejército de ovejas es atacado por don Quijote en uno de
los capítulos más conocidos. Al ver la polvareda que levantaban
los rebaños, el caballero los confunde con los soldados de dos poderosos
ejércitos que vienen al llano a enfrentarse: ¿No oyes
el relinchar de los caballos, el sonido de los tambores, el batir de las espadas...?,
le dice a Sancho, que replica: No oigo otra cosa sino muchos balidos
de ovejas y carneros.
Pastora. En la obra aparecen varios pastores, como Dorotea, la rica, o Grisóstomos,
el estudiante, que se enamora, al igual que otros tantos, de la pastora Marcela.
Esta es una de las escenas de amor más bellas de la novela (todos los
árboles del bosque están pintados de corazones desesperados).
Marcela es una mujer independiente que huye al bosque para ser libre. Memorable
es su discurso sobre las glorias y miserias de la belleza.
Refranes. Son un reflejo de la sabiduría popular. Sancho acude a los
refranes para dar su opinión, pero también don Quijote, hombre
leído, se sirve de ellos y los defiende: Me parece, Sancho, que
no hay refrán que no sea verdadero, porque sus ideas están sacadas
de la misma experiencia, madre de todas las ciencias. Y hay uno que dice:
Donde una puerta se cierra, se abre otra. En la novela puede
haber unos trescientos.
Sancho Panza. El fiel escudero de don Qujote. Regordete y poco aficionado
a andar, le gusta comer y beber, y es de natural pacífico, pues, como
dice, si Dios perdona a los que le ofenden, él también perdonará
cuantos agravios le han hecho o le han de hacer. Se mueve entre el sentido
común y el saber popular, y aunque a veces piensa que su amo está
un poco loco, con frecuencia cree en él, especialmente cuando le promete
reinos.
Triste figura.
A don Quijote también se le llama el Caballero de la
Triste Figura. El sobrenombre se lo pone Sancho,
tras la batalla con los enlutados del bosque oscuro. Le he estado mirando
a la luz de la antorcha de aquel hombre -dice Sancho-, y verdaderamente tiene
vuestra merced la más mala figura que jamás he visto; y la debe
haber causado o el cansancio del combate o la falta de muelas y dientes....
Un lugar de la Mancha. En un lugar de la Mancha... es el primer
verso de un romance de su tiempo. Y ese lugar, en el que vivía don
Quijote y del que no quiere acordarse Cervantes, puede ser Argamasilla de
Alba, el pueblo de su mujer y en donde probablemente comenzó a escribir
la novela. A este lugar arrastra Pedro, el vecino, a un molido don Quijote,
al encontrarlo malherido tras ser armado caballero en su primera salida.
Vizcaíno. Sólo interviene en dos capítulos, pero es un
personaje famoso, pues la batalla con don Quijote (el primer combate que emprende
como caballero) queda interrumpida, ya que Cervantes no tiene más papeles
que le hablen de la historia de don Quijote. El vizcaíno, que luego
será derrotado, se llama Sancho de Azpeitia, y es un hombre muy susceptible
(¿Yo no kaballero?), que hablaba en mal castellano
y peor vizcaíno.
Yelmo de Mambrino. A partir del capítulo 2i cambia la imagen de don
Quijote, quien, en vez de llevar sobre su cabeza un yelmo de su bisabuelo,
lucirá una bacía de latón, que él tendrá
como el yelmo del moro Mambrino que juró recuperar. Don Quijote
veía un yelmo de oro, un caballero y un caballo, pero la realidad es
que el que se acercaba tranquilamente sobre su burro era un barbero que viajaba
de un pueblo a otro....
ZZZZ. Onomatopeya de sueño; en este caso, reparador, tras las palizas,
molimientos y quebrantamientos que amo y criado sufren de continuo. Don Quijote
(alguien las ha contado) pierde más mueles y dientes que las que tiene
cualquier ser humano en una boca. Las peleas son frecuentes en la novela,
y no sólo por el carácter batallador y fácilmente irritable
del caballero andante.





