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El agua dulce es necesaria para todos los seres vivos: sin ella nuestro planeta no tendría vida. El agua dulce se encuentra en los ríos, lagos y lagunas, en aguas subterráneas y en la atmósfera. Sin embargo, de acuerdo al tamaño de nuestro mundo y a pesar de lo necesaria que es para la vida, en realidad tenemos muy poca agua dulce.

¿Sabías que el agua dulce es un poco menos de un 1% del total de agua de nuestro planeta?
Así, si pudieramos verter en 100 baldes toda el agua del planeta, 96 baldes serían de agua salada (el agua de los océanos), 3 baldes serían de agua congelada (el hielo que cubre cumbres nevadas y casquetes polares) y solo un balde sería de agua dulce líquida.
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El agua dulce es muy importante para nosotros: la utilizamos todos los días, durante toda nuestra vida.
A pesar de que podemos vivir con solo 5 litros o menos de agua al día, generalmente necesitamos mucha más agua para conservarnos saludables. Se ha calculado que un hombre necesita diariamente 50 litros o más para satisfacer sus necesidades personales y del hogar. En países desarrollados se gasta mucho más: un promedio de 400 a 500 litros de agua por persona diariamente.
Habíamos dicho que el agua dulce es una pequeñísima porción del agua de nuestro planeta. Si comprendemos esto apreciaremos más este recurso tan valioso y tan escaso. Muchas veces suponemos que, como el agua de la tierra se mueve en ciclo continuo (ciclo hidrológico), siempre tendremos la misma cantidad de agua a nuestra disposición. Pero si el hombre continúa contaminándola, destruyendo las cuencas y los bosques protectores, la cantidad de agua disponible va a disminuir. La pérdida será definitiva: El agua no podrá servirnos más
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Gran parte del agua que llega a nuestra casa y que usamos todos los días viene de los ríos.
Al abrir la llave del tubo, muchas veces olvidamos que en otros lugares del mundo, las personas tiene que caminar largas distancias para conseguir un poco de agua.
El río siempre ha sido un recurso de mucha utilidad para el hombre. En época seca, muchos ríos proporcionan el agua necesaria para regar los cultivos. En regiones donde llueve poco, como Guanacaste, los cultivos y el pasto para el ganado dependen de esas aguas.
Pero en nuestro país, el poder de las aguas de los ríos, nos ha beneficiado aún más: se ha usado para producir energía eléctrica. Esta es la energía que nos alumbra, que mueve fábricas e industrias y que se ha hecho cada vez más necesaria en nuestros hogares.
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El agua en movimiento tiene mucha energía. Esta energía se llama energía hidráulica y ha sido utilizada por el hombre muchas veces; con ella también se hace girar las ruedas de los molinos, los trapiches que muelen la caña de azúcar y mueven grandes sierras para cortar madera.
La energía hidráulica puede transformarse en electricidad: el agua en movimiento hace girar ruedas especiales llamadas turbinas y por medio de ellas producir energía.
Las centrales hidroeléctricas utilizan muchas veces las cascadas naturales de los ríos donde el agua cae con mucha fuerza; estas aguas tienen mucha energía hidráulica. Si no hay cascadas naturales se puede crear centrales hidroeléctricas construyendo represas en los ríos, principalmente de montaña. El agua llena el embalse, detrás del dique o represa y luego se deja salir con fuerza para mover las turbinas.