El agua nos da vigor, salud y limpieza; y nosotros ¿qué le damos a cambio?

  Preocupémonos por la limpieza de nuestras aguas, tanto como nos preocupamos por el aseo de nuestro cuerpo.

  En un principio, nuestro planeta estaba constituido solo por agua, que cubría todas las masas de la tierra.

  La vida, entonces, surgió del agua, al igual que empieza la vida de todo ser humano: el bebé que está dentro del útero de su madre, se encuentra sumergido en agua; que le brinda protección, calor y hasta lo alimenta.

  Al nacer, el niño abandona ese ambiente acuático e inicia la vida por si mismo. Ahora debe ser alimentado externamente, para lo cual, su madre le brinda la leche materna, compuesta en 90% por agua.

  En un niño pequeño, el 83% de su peso corporal está constituido por el agua. Conforme va creciendo, el porcentaje de agua en su cuerpo va disminuyendo, hasta llegar a un 60% en un hombre adulto y a un 45% en una mujer adulta.

  El agua se encuentra dentro de cada una de nuestras células, colaborando con todas sus funciones, es decir en la respiración, en la alimentación y en la excreción celular.

  Se encuentra también en la sangre formando el plasma, que es el líquido mediante el cual, la sangre puede fluir dentro de las venas y las arterias y transporta los alimentos y los glóbulos rojos.

  Está en el sistema digestivo, ayudando para que los alimentos se desplacen y para que los residuos puedan ser eliminados a través de las heces.

  Transporta los residuos líquidos hasta los riñones, para evacuarlos en forma de orina.

  Mantiene húmedos nuestros ojos mediante las lágrimas.

  Ayuda a distribuir y a regular el calor del cuerpo, por medio del sudor.

  En la realización de todas estas funciones, el cuerpo pierde 2,4 litros de agua por día, que debe reponerlos para el buen funcionamiento de su organismo. Por eso se dice que "el ser humano puede sobrevivir varias semanas sin alimento; pero sin agua, sólo unos pocos días".

  Sentimos una sensación de sed.

  La saliva se torna espesa.

  La orina es de color amarillo fuerte.

  Hay estreñimiento.

  Debemos beber por lo menos 8 vasos de agua al día.

  Debemos comer muchas frutas, verduras y hortalizas frescas, porque estos alimentos contienen grandes cantidades de agua.

  No debemos comer mucha harina y dulces, porque estos alimentos consumen gran parte del agua interna del cuerpo.

  Desde la antigüedad se conoce la existencia de una relación entre el agua y la presencia de ciertas enfermedades. Pero fue a raíz de una epidemia de cólera, en la ciudad de Londres, que pudo comprobarse como el agua contenía el agente que causaba al enfermedad.

  En el siglo XIX, científicos europeos investigaron los microorganismos presentes en el agua y las enfermedades que producían en el ser humano. Esto alarmó a las autoridades encargadas de velar por la salud, quienes se preocuparon por purificar el agua que bebían los habitantes del Viejo Continente.

  Con el crecimiento de las ciudades, los pobladores comenzaron a utilizar los ríos (junto a los cuales habían vivido), no sólo para abastecerse de agua y alimento, sino también para deshacerse de los desperdicios domésticos. También las industrias vaciaron sus residuos en los ríos, aumentando la contaminación del agua y el peligro para la salud.

  Cuando miramos la superficie de un río o un lago, notamos como viajan de un lado a otro, peces, semillas y plantas. Estos pasajeros los podemos ver a simple vista. Pero existen otros tan pequeños que son visibles sólo a través de un microscopio. Estos son los virus, las bacterias y los parásitos. El agua contaminada sirve de vehículo en la transmisión de numerosas enfermedades, entre las que podemos mencionar: el cólera y la fiebre tifoidea, causadas por bacterias; la hepatitis infecciosa, causada por virus; y la disentería amibiana, causada por parásitos.

  Al beber agua contaminada.

  Al bañarnos en aguas contaminadas.

  Al no lavarnos las manos.

  Debemos lavarnos muy bien las manos con agua y jabón, antes de comer.

  Debemos beber sólo agua potable. Si no estamos seguros que es potable, es mejor hervirla antes de tomarla.

  Se deben lavar muy bien las frutas y las verduras con agua potable.

  Los utensilios de cocina se deben lavar, secar y guardar de una vez.

  Debemos lavar nuestros dientes con agua potable.

  Debemos mantener las normas de higiene.

 

 

Agua Potable En Armonía con el Recurso Agua